“El paciente debe estar seguro de que el equipo médico está cualificado, las instalaciones del centro son adecuadas y de que se le ha informado con pleno detalle sobre el tratamiento.“ Así resume el que es desde hace tres décadas el jefe del servicio de cirugía plástica del hospital de Basurto y cirujano de Ethia Bilbao, el doctor Jesús Terrones, los elementos clave a tener en cuenta para cualquier persona que necesite o quiera recurrir a la cirugía plástica o estética.

“La cirugía estética es un mundo donde hay mucho intrusismo. No son procedimientos a tomarse a la ligera, de ahí lo importante de la profesionalidad del especialista”, explica. Antes de entrar a un quirófano, doctor y paciente deben evaluar los resultados que puede ofrecer la cirugía, y los riesgos que entraña. “Es importante fijar con el paciente hasta qué punto se puede llegar. Puede haber resultados espectaculares, pero no se hacen milagros”.

Es posible que la evaluación del especialista dictamine que, en lugar de pasar por quirófano, existe la oportunidad de someterse a un procedimiento menos invasivo. “Hay que saber decir no al paciente que pide una cirugía, si sabes que no va a resolver su problema”. Las indicaciones del profesional en el proceso postoperatorio resultan determinantes para el éxito del proceso y la salud del paciente.

Experiencia y ojo clínico

“Es imprescindible que sea un médico quien realice los tratamientos de medicina estética”, destaca asimismo la doctora Maite del Valle, de  Ethia Bilbao. Por ejemplo, algunos tratamientos de rejuvenecimiento facial emplean sustancias como la toxina botulínica o el ácido hialurónico, cuyas dosis y frecuencia de aplicación deben medirse de forma certera.

La medicina estética conlleva también frecuentemente el empleo del láser con fines médicos. Esto requiere no sólo que los profesionales se formen en el uso de la nueva tecnología, sino que se actualicen al mismo paso que ésta. Los centros de medicina estética deben contar también con aparatos modernos, cuya seguridad haya sido certificada por las autoridades correspondientes. Las diferencias entre el uso de tecnología punta y de instrumental antiguo son palpables.

No obstante, con independencia del equipamiento a utilizar, lo primero debe ser la opinión médica ante el problema o el deseo del paciente. “Realizamos una entrevista personalizada con el paciente, gratuida, abriendo un historial clínico que ayuda a determinar la mejor solución a cada caso”, apunta del Valle, con más de diez años de experiencia en medicina estética.

Por último, pero no menos importante, médico y paciente deben tener una comunicación fluida durante todas las etapas del tratamiento. Para ello, lo fundamental es que el profesional sepa escuchar lo que desea la persona que entra en su consulta, le ofrezca toda su experiencia y conocimientos, y siga de manera personalizada la evolución del proceso médico estético o quirúrgico.