Este año te habías propuesto no tomar el sol en las horas centrales del día, y renovar cada dos horas tu crema de protección. Incluso te habías comprado ese sobrero tan bonito de ala ancha para proteger tu rostro de los rayos solares.

Pero entre que darse crema cada dos horas es un incordio, que se está tan a gusto al sol a mediodía, y que el sombrero no se lleva bien con ese recogido que tanto te favorece, te ha vuelto a pasar: a finales de verano tienes un bonito bronceado… y la piel seca y tirante. Y sobre todo, la sensación de no haber cuidado tu piel todo lo que deberías.

Ahora, lo primero que tienes que hacer es examinar tu piel, y valorar los efectos que ha causado del sol. Tomado con moderación el sol tiene efectos beneficiosos para la salud, pero la piel tiene efecto memoria, y el exceso de sol siempre tiene efectos secundarios, aunque algunos son más visibles a corto plazo en forma de enrojecimiento, sequedad y tirantez, y otros se ven más a medio y largo plazo, con la formación de arrugas, envejecimiento prematuro, manchas, alergias e incluso cáncer.

¡Pero que no cunda el pánico!

Lo hecho, hecho está. Ahora se trata de reparar el daño causado y no permitir que tu piel acuse los efectos nocivos del sol más de lo estrictamente necesario.

Si tienes la piel quemada, o notas que tu piel está enrojecida, con sarpullidos e inflamada, te recomendamos que te pongas directamente en manos de un especialista para minimizar el daño en tu piel.

Si no es tu caso, te proponemos seguir un plan en tres pasos que puedes seguir en casa o en cabina, depende de lo dañada que tengas la piel y de los resultados deseados:

Exfoliar para estimular el colágeno

Si tienes la piel morena, no enrojecida por el sol, y sin rastro de eritemas o alergias solares, puedes hacerte una exfoliación que estimule la generación de colágeno.

La luz ultravioleta daña las fibras de colágeno y causa una producción excesiva de melanina y de fibras de elastina anormales. Tu piel trata de defenderse con la formación de fibras que generan arrugas y depresiones cutáneas, por eso es tan importante una exfoliación que estimule la formación de colágeno.

El tipo de exfoliación puede ser física (tipo scrub) o química (con AHA), pero para tratamiento en casa recomendamos una exfoliación suave con microgránulos tipo scrub.

Nutrir y regenerar

Tras la exfoliación, aplica una mascarilla nutritiva con efecto regenerante adecuada para tu tipo de piel.

Hay diferentes componentes naturales que pueden ir bien para tu piel, como el aloe vera o el aceite de rosa mosqueta o de argán, pero en todo caso  te recomendamos que sea un especialista quien te recomiende la mascarilla más adecuada para tu caso.

Ten en cuenta que si tu piel es de tipo acnéica, es posible que las exposiciones solares y el agua de mar te hayan ofrecido cierta mejoría porque te han secado el exceso de grasa, pero es habitual un efecto rebote que tiene que ser tratado por especialistas.

Hidratar y tratar

Después de exfoliar y nutrir, no olvides seguir hidratando y tratando tu piel diariamente con productos adecuados a tu tipo de piel.

Además, es posible que necesites un tratamiento específico para eliminar las pequeñas manchas que hayan podido aparecer, y difuminar pequeñas arrugas o líneas de expresión.

En ese caso, es recomendable que acudas a un centro de estética donde podrán valorar tu caso y estudiar diferentes opciones a base de peelings médicos, microinyecciones, láser, o tratamientos de cabina.

 

Por último, nunca nos cansaremos de decirlo: ¡recuerda que debes seguir aplicándote protección solar a diario, incluso si no vas a tomar el sol! Recuerda lo que dicen los expertos: la mejor crema antiedad es un buen protector solar.