Cada vez es más normal ver chicos y chicas casi adolescentes acercándose a los centros de depilación láser en busca de información para deshacerse de su vello corporal. En muchos casos influenciados  por la moda o exigencias del  deporte, y en otros empujados por la apariencia de exceso de vello a la vista. El deseo de eliminar el vello  suele empezar en el momento en el que comenzamos a cuidar nuestro aspecto. Hace años las adolescentes tiraban de la cera o de la cuchilla para depilar las piernas y axilas, la diferencia con las opciones actuales es que los nuevos métodos depilatorios son más duraderos, menos dolorosos y sobre todo, eficaces.

El método más efectivo es la depilación láser y la conclusión de los usuarios es de una lógica aplastante: cuanto antes empiece antes acabo para siempre con lo que considero una molestia.

¿Es recomendable comenzar en la adolescencia con la depilación láser?

Los expertos dicen que no hay inconveniente físico. El cuerpo no va a reaccionar negativamente al tratamiento, eso sí, advierten que los resultados no van a ser iguales que en un cuerpo adulto. La razón hay que buscarla en el baile hormonal de un cuerpo que aún se está desarrollando. Estrógenos y andrógenos someten, en la horquilla que va  desde los 10 años hasta los 15  en las chicas y desde los 13 hasta los 21 en los chicos,  a un barullo donde todo comienza a alcanzar las proporciones y la constitución propias de la madurez corporal. El crecimiento del vello está entre los factores cambiantes y mientras este comportamiento hormonal no se estabilice, el vello no adquirirá su tamaño y extensión definitiva.

Intentar eliminarlo mientras dura este proceso va a resultar un esfuerzo inútil porque, aunque el láser destruya el folículo piloso de cada pelo, éste volverá a crecer con igual intensidad en otros lugares. Por ello es mejor esperar hasta el fin del desarrollo (17-18 años en las chicas y 20-21 en los chicos) para someterse a un tratamiento de depilación láser.

La excepción: El hirsutismo

Pero en esto, como en casi todo, hay situaciones excepcionales muy definidas. En ocasiones el reajuste hormonal es muy violento y desde muy temprana edad aparecen casos de exceso de vello o hirsutismo. Cuando los ovarios se comienzan a poner en marcha producen andrógenos débiles que funcionan como precursores del estrógenos, sin embargo un exceso de andrógenos va a producir una cantidad de vello desproporcionada para lo que se considera normal a estas edades.

Esta peculiaridad en las chicas puede derivar en un problema psicológico severo además de significar un signo de alerta sobre otros problemas de salud.

El hirsutismo se define como la presencia de pelo grueso en zonas dependientes de hormonas, como el labio superior, mentón, brazo, muslo, espalda, abdomen y pecho. Zonas incómodas y visibles que convierten la abundancia en algo más que una contrariedad estética. El pelo tiene facilidad para enquistarse y favorecer lesiones cutáneas y acné, pero además quienes lo padecen se suelen sufrir problemas de autoestima y depresiones tempranas. En estos casos el especialista médico recomienda la depilación láser como medida paliativa pero que reduce notablemente la cantidad y la resistencia del vello.

En los chicos la cantidad de vello corporal también está muy ligada a la actividad hormonal y aquellos con altos niveles de concentración de  testosterona presentan  una mayor presencia de pelo en zonas que suelen incomodar como espalda, pecho, abdomen y hombros. Zonas donde el pelo comienza a aparecer a partir de los 20 años pero que puede seguir produciendo brotes nuevos hasta casi los 50. Al igual que en las chicas, la depilación masculina no está recomendada durante el desarrollo hormonal, esto es hasta los 20-21 años, e incluso a partir de esa edad hay que tener en cuenta que se trata de un método depilatorio permanente o duradero, pero no definitivo. Los niveles hormonales masculinos mantienen estimulado el crecimiento del vello, por lo que una vez finalizado el tratamiento va a necesario realizar sesiones de repaso cada cierto tiempo para mantener las zona lampiñas.

Y volvemos una vez más a la conclusión de que cada persona es un mundo y que según nuestro desarrollo personal hay que tratar cada caso de manera diferente. Lo aconsejable es consultar con un médico estético con experiencia que sabrá tener en cuenta todos los factores y actuará consecuentemente.