La concentración de grasa en la zona de abdomen ya no es sólo una cuestión estética, sino también un serio problema de salud que deriva en dolencias cardiovasculares, dejando a su paso obstrucciones en las arterias, tensión alta y aumento de los triglicéridos. Estamos ante un problema que afecta igualmente a hombres y a mujeres. La cintura de los varones no debe sobrepasar los 102 centímetros y las de las mujeres 88.

La dieta y el sedentarismo son los principales orígenes para ambos, pero en el caso de las mujeres los estragos de un embarazo tras el cual no se ha perdido el peso ganado o la llegada de la menopausia, que ralentiza el metabolismo por motivos hormonales, hacen que el problema se agrave.

¿Cómo abordarlo?

Principalmente, cambiando los hábitos de vida. Para reducir la grasa abdominal el ejercicio regular y una dieta equilibrada son esenciales. Ponernos en manos de un especialista en nutrición es el paso más seguro para lograr nuestro propósito, porque ni todos tenemos la misma situación de partida, ni nuestros cuerpos responden de la misma manera a las dietas hipocalóricas.

  • Con carácter general se puede recomendar abordar una alimentación donde las proteínas (carnes blancas, rojas magras y pescados) sean la columna vertebral junto con las frutas y verduras. Todo ello en cantidades moderadas.
  • Los hidratos de carbono son fundamentales para que el cuerpo reciba un correcto aporte energético, pero hay que controlar mucho su ingesta ya que suelen distender el abdomen. El arroz y la pasta no están prohibidos en estas dietas, pero se recomiendan que sean integrales, no refinados y nunca tomarlos en las cenas.
  • Olvídate de los alimentos procesados, los fritos, la bollería, los refrescos y la pastelería. Sustitúyelos por fruta fresca (toda la que quieras), lácteos desnatados y zumos naturales.
  • El agua es vital para eliminar todas las toxinas y otras sustancias que nos sobran. Con un litro y medio de agua al día mantendremos el cuerpo en óptimas condiciones de hidratación.
  • No pases hambre. Podríamos decir que éste es el primer error de quienes comienzan un régimen. Tener hambre provoca ansiedad y malestar y hace que nos enfrentemos a la comida con voracidad. Por el contrario, comer cinco veces al día de manera pausada, aumentará la sensación de saciedad al tiempo que acelerará el metabolismo, y con ello conseguimos quemar más calorías sin estar hambrientas.

¿Abdominales sí o no?

Ejercicios abdominalesLa edad, la constitución física y el hábito van a determinar qué tipo de ejercicio nos conviene. Hay que comenzar por caminar una hora diaria a buen ritmo y una vez hecho el cuerpo al movimiento podemos ir sumando ejercicios a nuestra rutina:

  • Elimina los ascensores de tu vida, subir y bajar escaleras cunde tanto como hacer “step” en el gimnasio
  • Nadar media hora dos o tres veces por semana se deja notar en el cuerpo y es un deporte en el que articulaciones y huesos no sufren, dato a tener en cuenta a según y qué edades.
  • Fuerza un poco la musculatura abdominal. En este punto hay teorías. Hacer abdominales ayuda a endurecer el estómago y los músculos que le rodean, sin embargo, parecen poco útiles para eliminar la grasa localizada en la parte baja de la tripa. No obstante, los entrenadores siguen recomendándolas para fortalecer la musculatura en general. Anímate a hacer sentadillas, resultan muy eficaces para el objetivo propuesto.
  • Se han puesto de moda los ejercicios hipopresivos. Se trata de un entrenamiento abdominal apto para cualquier condición física que reduce el tamaño de la cintura, mejora la postura de la espalda, ayuda a extender las vértebras, refuerza toda la faja abdominal y fortalece el suelo pélvico. Si bien hasta ahora se dirigían a la recuperación de las mujeres después del parto, su éxito como método para reducir notablemente la tripa y endurecer la musculatura interior ha favorecido que ahora se recomiende por igual a hombres y mujeres de todas las edades.