Entre los agentes externos que intervienen decisivamente en el proceso de envejecimiento lideran el ranking cuatro: el sol, el tabaco, la mala alimentación y el estrés. Después de ellos podemos añadir unos cuantos más como la falta de hidratación o el sedentarismo, pero los cuatro mencionados influyen decisivamente en la oxidación de nuestro cuerpo porque inciden en nuestro órgano más grande, la piel.

El estrés es una respuesta defensiva de nuestro cuerpo ante una situación de peligro. El miedo o la ansiedad constituyen nuestro particular sistema de alarma natural. Nos pone alerta de un peligro inminente para obligarnos a reaccionar. La producción a gran escala de hormonas como el cortisol o la adrenalina van a facilitar una reacción defensiva que garantiza nuestra supervivencia. Sin embargo cuando estas señales de alerta se alargan en el tiempo y no dejamos que disminuyan los niveles hormonales, éstas se vuelven contra nosotros. El cuerpo humano no está preparado para mantener las alarmas sonando indefinidamente, si esto ocurre se deteriora, muchas veces de una manera brusca. El estrés es la gran enfermedad del S XXI. El ritmo de vida que llevamos y la exigencia social que nos hemos creado nos lleva a vivir al límite casi de manera permanente con unas consecuencias devastadoras para nuestro cuerpo.

 

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Nuestro rostro es la pantalla donde antes aparecen las huellas del estrés. Atención a su aparición, estas son las cinco principales:

1. Sequedad

La consecuencia inmediata de tener altos niveles de cortisol es la disminución de la grasa natural de la piel. Con la pérdida de hidratación la dermis se vuelve mucho más fina y débil, facilitando la aparición de las arrugas y surcos, sobre todo en el entrecejo y alrededor de la boca y la nariz.

2. Pérdida de luminosidad

Los nutrientes que llegan a nuestro rostro a través del flujo sanguíneo se desplazan hacia aquellos músculos del cuerpo que tienen que hacer frente a la situación que nos provoca estrés. Perdemos luminosidad y se hacen más visibles las huellas de la fatiga y las preocupaciones.

3. Acné, soriasis, urticaria

El desequilibrio hormonal provoca un sinfín de efectos secundarios, los más visibles dejan un rastro en la piel del rostro como el acné o la soriasis. Menos visible pero más doloroso puede ser la aparición de herpes en distintos lugares del cuerpo o la urticaria.

4. Bolsas bajo los ojos

Mantenernos en permanente estado de alerta es agotador y este cansancio se manifiesta con la aparición de bolsas bajo los ojos motivadas por la retención de líquidos que se produce cuando hay baja calidad del sueño o no se descansa lo que se debería. Otra representación del agotamiento son las ojeras, esas manchas moradas que también ocupan su lugar bajo los ojos. Ambas manifestaciones agreden la belleza natural del rostro envejeciéndolo.

5. Debilidad en el cabello

El cabello se vuelve seco, frágil y tiende a caerse en cantidades que superan lo normal. Hay personas que pueden perderlo a mechones, pero que, afortunadamente una vez solucionada la fuente del estrés y recuperado el ritmo normal, vuelven a verlo crecer.

Lo que ya no tiene solución es la aparición de las canas. El estrés es un potente tóxico que afecta a la estructura de nuestro pelo agotando los melanocitos que son los encargados de generar el color natural del cabello. Un proceso que de manera natural puede durar años, se acorta rápidamente en momentos prolongados de estrés.

Para poner fin a las consecuencias del estrés es preciso acabar con la causa que lo provoca, pero no siempre es posible hacerlo limpiamente. Si estás viviendo una de estas situaciones sin solución corto plazo, hay una serie de pasos sencillos que deberías seguir y que ayudarán a fortalecer el organismo para hacer frente a la tensión.

  • Beber mucha agua ayuda a frenar la deshidratación y hace que el cuerpo comience a recuperarse.
  • Llevar una dieta sana y comer 5 veces al día equilibra los cambios metabólicos producidos por el baile hormonal.
  • Caminar una hora al día o realizar una actividad física preferentemente al aire libre oxigena el cuerpo y mente y libera endorfinas, la mejor hormona para hacer frente al estrés.
  • Dormir 8 horas combate el cansancio y recupera el organismo para hacer frente a las situaciones adversas en mejores condiciones.

Acabar con el estrés no es fácil porque muchas veces el origen está fuera de nuestro alcance, pero cambiar los hábitos de vida, pisar el freno y dedicarnos tiempo a nosotros mismos es un gran primer paso.